6 de Julio de 2025, imposible olvidar esa fecha, el día que comenzó la aventura.
Después de mucho tiempo de espera, por fin llegaba el momento. Era la primera vez que
los voluntarios viajaban sin la presencia de Padre Aurelio, presidente de la fundación, el
cual justo antes de subirnos al avión nos trasladó los consejos más importantes para que
todo saliese bien, en primer lugar: “Permaneced siempre juntos”, pues bien, nada más
lejos de la realidad, un problema de ‘overbooking’ en el avión hizo que la primera noche
el grupo se dividiera en 2, mitad en Marruecos y mitad rumbo a Benín, pero nada de eso
iba a pararnos…¡comenzamos!
ATERRIZAMOS:
Llegamos a las 4 de la mañana a Cotonou, capital de
Benín, donde nos esperaban Adelf y André, nuestros
conductores incansables y de puntualidad alemana, que
nos acompañaron durante toda la estancia en Benín.
Nuestro destino debía ser Nikki, de la que ahora
hablaremos, pero debido a que habíamos dejado a la mitad
del equipo en Casablanca, hicimos noche en Porto Novo
para esperar la llegada, al día siguiente, del resto de
voluntarios.

LA PRIMERA IMPRESIÓN:
Con los primeros rayos de sol, ya pudimos comenzar a percibir a una
pequeña parte de todo lo que nos iba a regalar este país en 3 semanas.
Parafraseando a mi amiga Tatiana: “Una ciudad polvorienta, caótica y
que nada tenía que ver con lo que hubiésemos imaginado. Un ejército de
motos recorría las ‘carreteras’ de Cotonou y Porto Novo y se
entrecruzaban con decenas de cabras (y otros animales) que paseaban
sueltas por aquellas calles. Fue un choque de realidad muy grande ver a
multitud de niños por la calle, jugando con neumáticos viejos, bañados
en polvo, sin zapatos y con la ropa sucia.”

DESTINO NIKKI:
Tras recoger al resto de la expedición y
ya por fin todos juntos, comenzamos el
viaje rumbo a Nikki, donde llegamos
tras un recorrido de unas 10 horas.
Fue en Nikki donde pasamos la mayor
parte de nuestra estancia, unas 2
semanas aproximadamente
NIKKI: una ‘ciudad’ al norte de Benín, muy cerca de la frontera con Nigeria. Con una
población de unas 170 mil personas, no es para nada lo cabría esperar de una ciudad.
Casi todo eran casas bajas, como mucho algunas de 2 plantas, la mayoría de ellas hechas
con adobe, piedra e incluso con chapa. Las calles eran caminos de tierra rojiza, llenas de
vida (en el sentido más literal de la palabra), pues encontrabas desde cabras, vacas, ovejas,
gallinas, perros… que se mimetizaban entre los números puestos de venta de todo tipo,
como comida, chanclas, peluquerías callejeras o ‘gasolineras’ provistas de botellas de
agua llenas de combustible en las cuales paraban las decenas de motos que circulaban de
forma anárquica por todos lados, y es que podíamos encontrar desde familias enteras en
una moto hasta jóvenes transportando una oveja en otra.
En resumen, un caos, pero un caos fantástico al que ellos estaban perfectamente
acostumbrados y que, tras varios días allí, nosotros mismos podíamos percibir como
normal e incluso con encanto.

LA MISIÓN:
El grupo lo formamos 14 voluntarios, 12 estudiantes de medicina
y 2 compañeros que vinieron desde EEUU. Todos nosotros nos
alojamos en una vivienda que estaba dentro del complejo escolar
de Nuestra Señora del Carmen (Notre Dame du Mont Carmel), el
cual pertenece a la fundación y tiene a más de 600 niños
escolarizados.
Como es común en África, la economía está sustentada sobre todo en la agricultura y la
ganadería, principalmente como medios de subsistencia de las familias. Es habitual ver
cómo los niños trabajaban y ayudan a la familia tan pronto como fuera posible, bien
trabajando en el campo o vendiendo en las calles y mercados, sin apenas oportunidad de
formarse para optar a mejores trabajos y oportunidades.
En este contexto, el colegio se convierte en un ‘oasis’ donde, gracias a las donaciones de
españoles, más de 600 niños tienen la oportunidad de estudiar, formarse y llegar a la
universidad.
‘Los americanos’ se encargaron de desarrollar un
programa de inteligencia artificial en el colegio,
impartiendo clases a profesores y alumnos.
Y realizaron una donación de 11
ordenadores para que esto fuera posible.
Los estudiantes de medicina realizamos tareas sanitarias y logísticas.
Por las mañanas íbamos al hospital, tanto al hospital “Sunon Sero”, que era
un hospital de referencia en la región al que llegaban los casos más graves
y/o complicados. Como al hospital de las Hermanas Capuchinas, el cual
era más pequeño y se encargaba principalmente del cuidado de niños.
El primer día que llegamos, nos recibió el director del Hospital y nos estuvo enseñando
las distintas zonas y especialidades con las que contaba.
A diferencia de lo que conocíamos en España, este hospital no era un único edificio que
contase con todas las especialidades.
Allí podías encontrar Medicina General, Cirugía General, Traumatología, Ginecología,
Pediatría y un laboratorio para las pruebas más básicas. Cada especialidad se encontraba
en un módulo ‘aislado’, donde había grandes habitaciones comunes para todos los
pacientes, las cuales no contaban ni de lejos con los medios habituales de España y
tampoco con las condiciones de esterilidad, por lo que las infecciones eran uno de los
problemas más prevalentes en ese medio. Para cambiar de módulo salías a los ‘jardines’
del hospital, es decir, al descubierto, donde podías encontrar a los familiares de los
enfermos cocinando, aseándose o durmiendo, conviviendo con sus animales como
gallinas o pavos y con fauna salvaje como lagartos o grandes murciélagos que llenaban
las copas de los árboles.
En ambos centros tuvimos la oportunidad de prestar apoyo en aquello que
el personal del hospital necesitase para atender a los pacientes y, sobre todo,
pudimos aprender mucho a cerca de enfermedades y problemas de salud
difíciles de ver en España, como malaria, desnutrición, fascitis
necrotizantes, infecciones puerperales, etc. Además, nos encargamos de
realizar la organización y reparto de medicamentos y material sanitario para
estos 2 hospitales, la enfermería del colegio y otro hospital al sur del país.
Por las tardes, nuestro trabajo estaba centrado exclusivamente en el colegio,
donde realizábamos tareas de recuento e inventario de material, orden y
limpieza de almacenes…

LA CULTURA
Durante todo el tiempo que estuvimos allí pudimos sumergirnos y aprender sobre la
cultura, la personalidad y las principales preocupaciones de los Benineses.
Diariamente convivíamos y cooperábamos con el personal del hospital y del colegio,
además de muchos de los niños que estaban en el colegio.
Me gustaría destacar la personalidad siempre alegre de la gente local y su carácter
acogedor y servicial, en especial del personal que se encargó de nuestra seguridad,
transporte y alimentación como Adelf, André, Bienvenue, Gissel o Victoire, entre otros,
que nos hicieron sentir como en casa y consiguieron que no quisiéramos irnos de allí.
Además, tuvimos la oportunidad de realizar numerosas actividades, como ir a mercados,
misas típicas, el convento de las hermanas capuchinas, el palacio real del rey bariba…
EL MERCADO: imposible olvidar la mezcla de olores de las
comidas, las telas, la arena húmeda del suelo… pasamos toda
una mañana, perdiéndonos entre sus puestos distribuidos de
manera que parecía un laberinto, donde todo el mundo salía
a ofrecernos sus productos, invitándonos a regatear los
precios, muchos nos pedían fotos y los niños, como ya era
costumbre desde que llegamos a Benín, nos perseguían
gritando ‘Batule’ que significa ‘Blanco’ en lengua Bariba.
Allí pudimos comprarnos las telas con las que después un
sastre local nos confeccionó unos trajes típicos Benineses.
LAS HERMANAS CAPUCHINAS
Las hermanas Carmen y Filomena nos abrieron las puertas del
Convento de las Hermanas Capuchinas en Nikki. Allí desarrollan
una enorme labor de servicio a la comunidad a nivel sanitario,
educativo y alimentario.
Como comentábamos, tienen allí su hospital, al que acudimos
algunos días.
Pero, además, las hermanas reciben y acogen a mujeres jóvenes
sin recursos, a las que alimentan y dan techo durante el tiempo
que les enseñan oficios con los que poder ganarse la vida, como
la costura, por ejemplo.
También tienen un extenso huerto y algunos animales como
cerdos, gallinas e incluso peces, para poder autoabastecerse y
también para alimentar a todos aquellos que llegan al hospital.
LOS BARIBA: EL VIRREY Y EL PALACIO DEL REY
Es imposible pasar por Benín sin apreciar la enorme influencia que tienen las diferentes
tribus que habitan sus territorios. Entre ellas, destacan los Bariba.
Nos recibió el Virrey, él es quien habla en
nombre del rey, pues este último no puede
salir del palacio. La recepción fue en su
‘cueva’ junto al palacio real, donde nos
estuvo explicando la historia, normas y
tradiciones de los Bariba, sentado en su trono.
Otro día, nos enseñaron el nuevo palacio real que
acaba de terminar de construirse. Por cierto, no
estaba ni inaugurado y fuimos los primeros
turistas en visitar el palacio, por lo que no
podemos adjuntar fotos…se lo dejamos a los del
año que viene.
LAS DANZAS
Uno de los últimos días que pasamos en Nikki,
y como despedida a nuestros voluntarios
‘americanos’, recibimos la visita de un grupo
de danza tradicional tribal, de los que
estuvimos disfrutando y aprendiendo, para
finalmente acabar sacando nuestros mejores
“pasos prohibidos” al ritmo de sus tambores y
porras de madera.
ESPIRITUAL
Los domingos íbamos a misa. Allí, en Benín, todos los
cristianos acuden con sus mejores trajes tradicionales,
llenando la iglesia de muchísimos colores y, además, es
típico que la gente cante y baile durante la celebración,
al ritmo de la música que tocaban con tambores y otros
instrumentos africanos…por lo que las misas tendían a
durar cerca de 2 horas, bueno, incluso pudimos asistir a
una de ¡casi 3 horas!
Además, desde que llegó el Padre
Aurelio, celebrábamos misa todos los
días, solo los voluntarios, en la azotea del
colegio o en la de la casa de Porto Novo,
las cuales fueron muy íntimas y
enriquecedores y, por supuesto, más
cortitas que las habituales Beninesas
(gracias Padre).
EL DESARROLLO DE BENÍN
Tras 2 intensas semanas de trabajo en el norte del país, pusimos rumbo de nuevo al sur,
donde pasamos la última semana. Nos establecimos en Porto Novo, desde donde salíamos
cada día a diferentes puntos, y tuvimos la oportunidad de profundizar más en la historia
y cultura de Benín, así como conocer algunas de sus zonas más desarrolladas y con más
relevancia política e histórica.

COTONOU
Cotonou, aun con sus peculiaridades, si es una ciudad en toda regla y es
el punto desde el que Benín está comenzando a desarrollarse.
A pesar de no ser la capital oficialmente, es el motor económico del país.
Allí se encuentra el aeropuerto y el puerto, además de las embajadas, y
las zonas más turísticas se encuentran en torno a esta ciudad.
Entre otras cosas, allí pudimos visitar el monumento a las Amazonas, la
cual es un homenaje a las guerreas Dahomey, un cuerpo militar
exclusivamente femenino que luchó durante el siglo XIX y representa la
fuerza y el orgullo de Benín.
También, el Padre Aurelio insistió en llevarnos a ver el nuevo hospital
internacional y las nuevas viviendas sociales, ambos proyectos son
reflejo del desarrollo y crecimiento que comienza a experimentar Benín.
OUIDAH
Sin duda, una de las excursiones más intensas, impactantes y divertidas
fue visitar Ouidah y sus alrededores.
Llegamos a Ouidah después de un viaje en furgoneta
por un camino salvaje paralelo al océano atlántico y
lleno de palmeras y vacas. Ouidah es 1 de los 5
puertos africanos desde donde se embarcaron
esclavos durante casi 5 siglos.
Junto con un guía, visitamos la
‘Puerta del No Retorno’,
monumento en honor a todos los
esclavos capturados durante esos
años.
Después de la visita guiada, fuimos a comer a la playa, y pudimos compartir
nuestras reflexiones sobre los temas que habíamos estado tratando durante la
mañana y la importancia y el impacto que tienen y han tenido países
extranjeros como Francia, Bélgica o muchos otros en el desarrollo de África.
Más tarde, visitamos la iglesia de la Inmaculada Concepción, donde están
enterrados los primeros evangelizadores de Benín. Y para terminar en Ouidah,
estuvimos en El Templo de las Pitones, de la religión animista.
Para rematar el día, a la vuelta del viaje, hicimos parada en el Monasterio
donde se formó el Padre Aurelio.
También fuimos a la playa una tarde para
desconectar de todo el trabajo realizado.
SONGHAI
Para despedirnos, el último día visitamos el trabajo que realizan en el Songhai Regional
Center y, además, pudimos conocer a su fundador, Godfrey Nzamujo, un sacerdote
dominico de origen nigeriano pero criado en Estados Unidos.
Songhay refleja un concepto de agricultura y ganadería, basadas en un desarrollo
sostenible y reaprovechamiento de recursos.
Para terminar, me gustaría destacar el trabajo que realiza FUNDEBE, encabezada por el
Padre Aurelio y con la ayuda incansable de muchas personas como Carmen Alfaro,
Conchita y muchos otros trabajadores, junto con los voluntarios que tienen la suerte de
aportar su granito de arena para conseguir que, poco a poco, Benín se convierta en un país
con más oportunidades.
Juan Juárez, alumno de 5º de medicina